En la actualidad, las pizzerías artesanales están viviendo un auge impulsado por la búsqueda de autenticidad, sabor y técnicas tradicionales. Dentro de este movimiento, la masa madre se ha convertido en protagonista indiscutida, no solo por su sabor distintivo, sino también por su aporte técnico a la estructura, digestibilidad y conservación de la pizza. En Chile, cada vez más pizzaiolos profesionales adoptan fermentaciones naturales para ofrecer una experiencia gastronómica superior.

¿Qué es la masa madre y por qué usarla en pizza?
La masa madre es una mezcla viva de harina y agua que contiene microorganismos naturales (levaduras y bacterias lácticas) que fermentan de forma espontánea. A diferencia de las levaduras comerciales, este fermento natural trabaja más lentamente, desarrollando una cadena de aromas únicos, mayor complejidad de sabor y una textura aireada y ligera en la pizza.
Usar masa madre implica respetar los tiempos biológicos del pan, entender la fermentación y tener precisión técnica. En una pizza artesanal bien trabajada, el resultado es una base más digestible, elástica y con un color dorado característico debido a la caramelización natural de los azúcares de la harina.
Factores clave para una masa madre equilibrada
1. Tipo de harina
Elige una harina con un contenido proteico entre 11% y 13%. Las harinas italianas tipo “00” son una excelente opción por su fuerza y finura, aunque en Chile también existen alternativas locales de buena calidad. Si buscas un perfil con más sabor, mezcla una parte de harina integral (10% a 20%) para aportar complejidad aromática.
2. Hidratación
El nivel de hidratación, es decir, la proporción de agua respecto a la harina, define la textura final. Para pizza artesanal, una hidratación del 65% al 70% es ideal. Una masa más hidratada requiere más experiencia en el amasado, pero ofrece alveolos amplios y una corteza crujiente por fuera y suave por dentro. Explorar técnicas de alta hidratación permite lograr resultados propios de una auténtica pizza napolitana.
3. Temperatura y ambiente
El control de temperatura es esencial. A temperatura ambiente templada (20 °C a 24 °C), el fermento crece con equilibrio. En climas más fríos, es recomendable mantener el frasco de masa madre en un ambiente ligeramente cálido o realizar fermentaciones más largas en frío para potenciar el sabor.
4. Mantenimiento y alimentación
La masa madre necesita regularidad. Alimentarla cada 24 horas con partes iguales de harina y agua (por peso) garantiza una levadura activa y saludable. Guarda una parte madura para tus pizzas y conserva otra refrigerada como reserva madre. Cuida siempre la limpieza del recipiente y evita el contacto con metales oxidables.
El proceso de fermentación lenta
La fermentación lenta es el alma de la pizza artesanal. Al dejar madurar la masa entre 24 y 72 horas, las enzimas y bacterias trabajan descomponiendo almidones y proteínas, generando complejidad aromática y una mejor digestión. Además, la estructura del gluten se refuerza, haciendo que la masa sea fácil de manejar y hornear.
Muchos profesionales aplican una combinación de fermentación a temperatura ambiente y frío controlado, obteniendo el desarrollo ideal de gas y acidez. En una pizza napolitana bien fermentada, la masa se infla con suavidad y mantiene una uniformidad perfecta en el cornicione.
Tips técnicos para incorporar la masa madre en tu pizzería
- Planifica tu producción: Ajusta el calendario de fermentación para tener masa madre lista según tus días de servicio.
- Controla la madurez: Usa la masa madre en su punto justo, ni demasiado ácida ni inmadura. Su aroma debe ser ligeramente láctico, sin notas avinagradas.
- Peso y precisión: Calcula la proporción de fermento (entre 20% y 30% del peso de la harina total) para obtener resultados consistentes.
- Evita el exceso de manipulación: Respeta el tiempo de reposo y realiza plegados suaves para preservar el aire interno de la masa.
Errores comunes al trabajar con masa madre
Uno de los errores más frecuentes es descuidar el estado del fermento madre. Si no está activo, la pizza no logra volumen adecuado. Otro problema común es la sobrefermentación, que genera aromas excesivamente ácidos y una textura quebradiza. Finalmente, usar harinas débiles o de baja calidad puede comprometer la estructura del gluten, dificultando el formado.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Puedo usar masa madre y levadura comercial al mismo tiempo?
Sí, muchos profesionales utilizan un pequeño porcentaje de levadura seca para acelerar leudados en ambientes fríos. Sin embargo, el sabor más auténtico proviene del uso exclusivo de masa madre.
¿Qué pasa si mi masa madre huele agrio?
Un aroma ligeramente ácido es normal, pero si el olor es fuerte o avinagrado, significa que el fermento está desequilibrado. Una alimentación más frecuente y eliminar parte vieja corrigen el problema.
¿Cuánto tiempo dura la masa madre refrigerada?
Puede mantenerse activa hasta dos semanas refrigerada. Antes de usarla, retírala, aliméntala y espera que burbujee nuevamente para garantizar su vigor.
¿Qué tipo de harina es mejor para pizza con masa madre?
Las harinas de fuerza media, como tipo “00” o W260–W300, ofrecen la estructura ideal. Aportan elasticidad y resistencia al proceso de fermentación prolongada.
¿Cuánto tiempo debo fermentar la masa antes de hornear?
Para pizzas artesanales, entre 24 y 48 horas de fermentación total es lo ideal. Permite obtener un sabor equilibrado y una textura liviana.
Conclusión
Dominar la masa madre no es algo que se logre de un día para otro. Requiere observación, paciencia y técnica. Sin embargo, una vez alcanzado el equilibrio, cada pizza se convierte en una obra viva, llena de matices aromáticos y texturas únicas. En el contexto actual de la gastronomía chilena, quienes incorporan masa madre en sus pizzerías no solo elevan su producto, sino también su identidad artesanal frente a un público cada vez más exigente y consciente del valor de los procesos tradicionales.
La pizza con masa madre resume el espíritu de la buena cocina: tiempo, dedicación y respeto por los ingredientes. La recompensa es un sabor inconfundible que transforma la experiencia del comensal.
